Hidroponía: El cultivo sin suelo

Hoy en la Buhardilla me gustaría presentaros la hidroponía, una técnica de cultivo en la que no se utiliza el suelo. Aunque esta afirmación puede parecer de ciencia ficción o futurista la verdad es que la hidroponía es una técnica que se conoce desde hace muchos años y que cada vez se está utilizando con más frecuencia a nivel comercial.

Para entender la base de este sistema tenemos que fijarnos en la formación de la palabra hidroponía. Palabra formada por las raíces griegas ‘hidro’ (agua) y ‘ponos’ (trabajo o labor). Es decir un sistema en el que el aporte de los nutrientes necesarios para el correcto desarrollo de las plantas no lo aporta la tierra sino que estos están disueltos en el agua que se utiliza para alimentar el sistema.

Dicho de esta manera puede parecer que lo único que se busca con la hidroponía seria complicar el ‘fácil’ cultivo tradicional (enterrar una semilla en el suelo y ver como se desarrolla) la verdad es que la hidroponía tiene algunas ventajas enfrenta del cultivo tradicional, como podrían ser mejor aprovechamiento del agua, mayor rendimiento en las cosechas, mejor control de los nutrientes entre otras. También es cierto que un sistema hidropónico es un poco más complejo que el sistema tradicional (pero nada que no se puada realizar en casa con un poco de maña y ganas).

Si bien es cierto que en los sistemas hidropónicos todo el trabajo (o dicho de otra manera los nutrientes) lo realiza el agua, las plantas no crecen flotando en una charca. Si no que en la mayoría de los casos las planteas se hacen crecer sobre un material de ‘relleno’ que sirve como soporte para que a planta se desarrolle correctamente, también conocidos como substratos. La principal característica de estos materiales de soporte es que son inertes, es decir, que no aportan ningún nutriente a la planta.

De substratos utilizados en el cultivo sin suelo los hay de muchas indoles y procedencias. Por una parte podemos encontrar a los substratos orgánicos como podrían ser la fibra de coco, la turba o el serrín. Por otra parte tenemos a los substratos inorgánicos, siendo ejemplo de ellos la vermiculita, la gravilla o la lana de roca, entre muchos otros. Cada uno de los cuales tiene sus pros y sus contras (los comentaremos todos ellos detalladamente en futuras entradas) lo que los hace más idóneos para un sistema determinado y problemáticos en otros.

Como ya hemos comentado, la variedad de sistemas hidropónicos es considerable. Partiendo de los cultivos en vertical, que buscan el máximo aprovechamiento del espació del cultivo hasta sistemas mas sencillos como el cultivo en aguas profundas o DWC (de su siglas en inglés), el cual destaca por su sencillez, ya que solo consta de un tanque de agua una bomba de aire y una tapa que sostenga las macetas de cultivo. Pasando por un sistema NFT, en el cual una fina capa de solución nutritiva se hace pasar por el fondo de una canal, consiguiendo así una gran aireación de las raíces y de la misma solución nutritiva, lo que se traduce en un augmentar del crecimiento general de la planta.

Si bien tradicionalmente los reactivos o nutrientes utilizados en la hidroponía son principalmente de origen inorgánico o químico, debido principalmente a su fácil dosificación y su alta solubilidad, existen varias alternativas más ecológicas o orgánicas. En este aspecto podemos encontrar la bioponía, la cual consiste en utilizar distintos microorganismos que se encuentran en suspensión en la solución nutritiva para transformar distintos compuestos orgánicos en compuestos utilizables para las plantas (como sucede en el cultivo tradicional en tierra).

Como podéis ver la hidroponía es una técnica de cultivo muy flexible y que se puede adaptar muy fácilmente a cualquier situación o zona. También hemos visto que se pueden usar distintos substratos y sistemas de cultivo. Así que tomad asiento porque en futuras entradas iremos viendo mas con detalle las distintas técnicas mencionadas así como la manera de poder construirlas y utilizarlas en casa (de manera fácil y sencilla).

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